TLACOTALPAN FIESTAS DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA
ANDRES BARAHONA LONDOÑO
Entre la devoción y el frenesí
Fiestas patronales en Tlacotalpan
Publicado en el número 8 de la revista Centenarios de Veracruz, editada por la Secretaría de Educación del Estado de Veracruz
Texto: Prof. Andrés Barahona Londoño
Las fotos provienen del libro titulado Tlacotalpan, Veracruz.
Patrimonio Cultural de la Humanidad. Colección de fotos del Lic. Armando Pous Escalante.
La brisa ribereña no alcanzó a despejar del todo el sopor dulzón de tu nostálgica belleza. Desbordada en mitos y fantasías, la oleada de visitantes, te tomó como es costumbre, por sorpresa ; pero te entregaste plena en el festejo, Tlacotalpan, de tu Virgen de la Candelaria. Al tañer de las festivas campanadas, vibraron añejas resonancias de épocas ya idas. Cuando el Río de las Mariposas mecía en su caudal majestuoso a los antiguos pobladores nahuatlacos, paseando a Chalchiutlicue –la de las faldas de jade– diosa de las aguas vivas por ellos verenada. Primigenio ritual que después, durante la Colonia, los misioneros retomarían con la imagen de la Virgen, en aras de favorecer la evangelización de los naturales. Surge así la sincrética cimiente de nuestra mestiza idiosincrasia mexicana.
Luz Marinera
Siendo una de las advocaciones de la Virgen María, el origen de la Virgen de la Candelaria, se remite a la Isla de Tenerife en las Canarias ; donde en 1559, fue nombrada Patrona de Canarias por el Papa Clemente VIII. Después, Pío IX la declaró Patrona Principal del Archipiélago, el 12 de diciembre de 1867 ; y finalmente, el 13 de octubre de 1889, fue coronada canónicamente como la Quinta Imagen Mariana de España, por Don Ramón Torrijos, Obispo de Tenerife. La coincidencia de estas dos últimas fechas, siendo el 12 de diciembre, en México, Día de la Virgen de Guadalupe y el 12 de octubre, Día de la Raza, no es de ninguna manera fortuita. Se trata, a todas luces, de un diseño intencional para facilitar la administración novohispana de los evangelios.
El archipiélago canario, constituye una ineludible referencia en la historia de la conquista de América, ya que sus islas fueron un paso obligado para las embarcaciones que zarpaban desde la península ibérica, rumbo al Nuevo Mundo. Es por ello que la devoción por la Virgen de la Candelaria fue muy popular entre los marineros, quienes a ella se encomendaban durante tan ardua travesía. La candela que porta la imagen, simboliza la luz que ilumina la ruta correcta, o el camino del bien ; también se le asocia con el Astro Rey solar o la Pachamama de raigambre incáica. Actualmente, la Candelaria es venerada en muchos de nuestros países americanos, entre ellos Honduras, El Salvador, Costa Rica, Cuba, Puerto Rico, Perú, Bolivia, Colombia y Venezuela.
En México, fueron los llamados “Juaninos” de la orden granadina de San Juan de Dios, quienes introdujeron a principios del siglo XVII, la devoción por la Virgen de la Candelaria. Sin embargo, en Tlacotalpan la capilla en su honor, se terminó de edificar hasta 1786. En aquel entonces, en virtud de su ubicación a prudente resguardo tierra adentro, pero con una amplia desembocadura al mar que permitía la navegación de gran calado, el puerto fluvial tlacotalpeño era un lugar estratégico. Esa condición privilegiada lo mantuvo durante muchos años como un importante detonador para el desarrollo económico de la región. En contraparte, también facilitó el que las tropas francesas ocuparan Tlacotalpan en 1862. El 9 de mayo de 1865, quedó elevada a la categoría de Ciudad, y llegó a ser provisionalmente capital del Estado. Su Palacio Municipal se construyó en 1890, y partir de entonces se estableció el estilo arquitectónico que la distingue. Ciudad consentida suya, se le llamó Tlacotalpan de Porfirio Díaz en 1896. Después, al estallar las reyertas revolucionarias, ese nombre cambió. La ciudad entonces decayó y quedó como supendida en el tiempo, al suspiro de sus glorias pasadas. Parodójicamente, el tiempo trocaría aquella apesadumbrada inmovilidad por beneficio, cuando la Perla del Papaloapan despertó de su letargo, convertida en Patrimonio Cultural de la Humanidad. En diciembre de 1998, la UNESCO fundamentó dicha declaratoria patrimonial en su trazo y arquitectura como histórico crisol de las tradiciones españolas y caribeñas, de excepcional importancia y calidad.









































